FERMENTADO DE CEBOLLA Y MANZANA

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Comprender las claves de la fermentación y ponerlas en práctica va a abrirte un mundo nuevo, vas a entender a otro nivel la importancia que tienen las bacterias en tu vida y lo importante que es que estés en simbiosis con ellas. Como seres vivos dependemos tanto del medio externo como del interno y, de este, a menudo nos olvidamos.
En este apartado del blog voy a compartirte recetas de fermentados que alimentan y fortalecen tu microbiota sana para que pases a la acción, te ensucies las manos y conectes con los alimentos de temporada y de proximidad, a través de la creatividad en la cocina, tu autocuidado y el de tus bacterias beneficiosas.
Un alimento fermentado es un verdadero alimento local, de temporada y que representa el perfil bacteriano presente en tu entorno inmediato y también encima de tu cuerpo, lo que transformará el alimento o bebida en una fuente de probióticos, nutritiva, deliciosa y adaptada totalmente a ti y a tu entorno.

#NUTRIINFO

Cuando preparamos vegetales fermentados en su propio jugo cultivamos bacterias que producen ácido láctico a través del proceso de lactofermentación. Las bacterias consumen el azúcar de los vegetales (en este caso cebolla y manzana) y producen ácido láctico, etanol y dióxido de carbono (verás cómo se forman burbujas cuando fermentas, esto es el CO2).
Aquí algunos beneficios:
  • El ácido láctico contiene bacterias beneficiosas que mejoran la digestión y la absorción de nutrientes.
  • Son de ayuda para aumentar el proceso depurativo del organismo y para mejorar algunos desórdenes digestivos como intestino inflamado, diarrea y estreñimiento.
  • Son ricos en enzimas digestivas.
  • Nos aportan minerales como el calcio, el hierro, fósforo, el magnesio, manganeso, folato y es rico en vitaminas C, A, B1, B2 y B6.
  • Ayudan a fortalezer nuestro sistema inmunológico y las funciones de la microbiota.
  • La fermentación también produce isotiocianatos, compuestos capaces de prevenir el crecimiento canceroso en pruebas con animales.

#LARECETA

Cantidad: 400 g
Tiempo:  de Preparación: 15-20 min – de Fermentación: de 7 días a 1 mes.
Utensilios: cuchillo, tabla de cortar, bote hermético, peso de cerámica o cristal.
Conservación: 3 meses en la nevera
INGREDIENTES
  • 300 g de cebolla tierna
  • 100 g de manzana ácida
  • 8 g de sal (2%)
  • un trozo de jengibre rallado y exprimido (al gusto)
  • 1/2 limón exprimido
PREPARACIÓN
  1. Pela la cebolla y la manzana y córtalas en juliana.
  2. Pon la cebolla y la manzana cortada con la sal en un bol grande y masajea con las manos limpias.
  3. Déjalo reposar 1h tapado con un paño para que exude el agua del interior de la cebolla y manzana.
  4. Después de reposar, continúa masajeándo y apretando para extraer el agua de dentro de las verduras al máximo (esto es clave para poder hacer la fermentación en su propio jugo y no tener que añadir salmuera).
  5. Cuando ya haya suficiente salmuera en el bol  (el agua que ha salido del vegetal gracias a la sal), ralla un trozo de jengibre y, una vez rallado, juntalo todo y exprímelo con las manos. dentro de la mezcla.
  6. A continuación exprime el jugo de medio limón y añádelo (sin pepitas).
  7. Ahora ya puedes empezar a ponerlo en el tarro de cristal.
  8. Aprieta la mezcla con el puño o una mano de mortero hasta llenar el tarro, evitando que queden espacios de aire y favoreciendo que vaya subiendo el líquido de la salmuera y esta tape toda la cebolla y manzana.
9. Coge un peso de cristal o cerámica y ponlo dentro del tarro y empuja para que suba la salmuera, esta tiene que cubrir toda la mezcla, no tienen que quedar trozos flotando en contacto con el aire para prevenir que crezcan mohos en la superficie del fermentado.
10. Tapa el tarro (sin goma para que pueda ir respirando) y déjala encima del bote (así no la perderás ;). Pon debajo un plato ya que cuando burbujee el CO2 puede ser que salga fuera del recipiente un poco de líquido y te ensucie el estante. Pon tu fermentado en un sitio oscuro que tenga una temperatura más o menos constante y que no toque la luz.
También puedes cerrar herméticamente con goma (evitando que ningún metal toque al líquido) y cada dos o tres días tendrás que “eruptar” la mezcla.  Eruptar significa que abres la tapa un poco para que salgan los gases que hay dentro del tarro.  Eruptar previene que explote el tarro bajo la presión de los gases.
El tiempo de fermentación depende de tu paladar puedes ir probandolo y decidir dejarlo más tiempo o no según tus gustos, personalmente me gusta dejar este fermento unos 5 días en verano y unos 8 en invierno. Una vez lo empieces a consumir  saca el peso y pon el tarro en la nevera para parar la fermentación y consumirlo al punto que has elegido. Disfruta de este delicioso condimento probiótico en tus comidas ya sean ensaladas, carnes, pescados o junto un trozo de queso con pan de sarraceno.

Fermentar nos ayuda a conectar con la naturaleza y sus ciclos, con los alimentos de temporada y proximidad, con nuestras raíces y la sabiduría de nuestros ancestros. Fermentar nos empodera como garantes de nuestra salud y nos conecta con nuestra esencia y la de los alimentos.

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